El breve amor
Con qué tersa dulzurame levanta del lecho en que soñabaprofundas plantaciones perfumadas,me pasea los dedos por la piel y me dibujaen el espacio, en vilo, hasta que el besose posa curvo y recurrente,para que a fuego lento empiecela danza cadenciosa de la hoguera tejiéndose en ráfagas, en hélices,ir y venir de un huracán de humo…¿Por qué, después,lo que queda de míes sólo un anegarse entre las cenizassin un adiós, sin nada más que el gestode liberar las manos?
Julio Cortázar

 El breve amor

Con qué tersa dulzura
me levanta del lecho en que soñaba
profundas plantaciones perfumadas,

me pasea los dedos por la piel y me dibuja
en el espacio, en vilo, hasta que el beso
se posa curvo y recurrente,

para que a fuego lento empiece
la danza cadenciosa de la hoguera
tejiéndose en ráfagas, en hélices,
ir y venir de un huracán de humo…

¿Por qué, después,
lo que queda de mí
es sólo un anegarse entre las cenizas
sin un adiós, sin nada más que el gesto
de liberar las manos?

Julio Cortázar

Somos lo que poseemos. 
El hombre que posee dinero es el dinero, el hombre que se identifica con la propiedad es la propiedad, o la casa, los muebles. 
Lo mismo sucede con las ideas o con la gente, y cuando existe ese afán posesivo, no hay relación. 
Sin embargo, la mayoría poseemos porque si no, no tenemos nada más; si no poseemos somos cascarones vacíos. 
Por eso llenamos nuestra vida con muebles, música, conocimientos, con esto o aquello. 
Este cascarón hace mucho ruido y a ese ruido lo llamamos vivir y con eso, estamos satisfechos. 
Pero si surge una contrariedad, una pérdida, entonces sufrimos porque de pronto descubrimos lo que somos, un cascarón vacío sin mucho significado.

Krishnamurti